La Revista Investigación y Ciencia analiza esta semana el arte producido a través del uso de microbios para emitir luz. Se trata de lámparas vivientes.

Se dice que la mayoría de las personas piensan en las bacterias como en organismos transmisores de enfermedades y simplemente se lavan las manos para dehacerse de elllas.

Sin embargo, el diseñador industrial Jan Klingler, de Estocolmo, las está utilizando para fabricar unas coloridas lámparas. “Cada ser vivo y cada lugar tienen una “huella» microbiana que es única”, comenta Klingler. Al capturar tales huellas pretende embotellar los recuerdos.

Los clientes que soliciten una de las lámparas de Klingler, que él espera empezar a vender pronto, recibirán un kit con un hisopo estéril que podrán frotar sobre la piel de un ser querido o mascota o sobre la superficie de algún objeto.El cliente devolverá la muestra a Klingler, quien la cultivará en una placa de Petri.

Las colonias bacterianas proliferan y dan lugar a diferentes colores, que Klingler puede personalizar modificando las especies y el medio de cultivo. Con anterioridad ya se ha investigado la modificación genética de bacterias, como Escherichia coli y Flavobacterium, para que sinteticen distintos pigmentos que podrían emplearse para fabricar pinturas biodegradables o producir fotografías en color.

Según Klingler, su método da lugar a formas extravagantes “que crecen una dentro de la otra, se mezclan y originan dibujos interesantes”, comenta. Él y su colaborador Volkan Özenci, microbiólogo del Instituto Karolinska, están experimentando ahora con cambios en la velocidad y la duración del cultivo.

Después de dejar proliferar las bacterias durante uno o dos días, las fija en resina y las convierte en lo que él denomina “fósiles modernos”. Los discos de resina se integran luego en estructuras de vidrio soplado que se asemejan a frascos de laboratorio. Finalmente, ledes brillantes dan vida a los colores y dibujos microbianos.

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