Ámsterdam se ha convertido en un centro de tráfico de cocaína de Europa, un negocio que mueve miles de millones de euros. El mercado está en manos de una veintena de grupos, con cinco jefes como máximo. Así lo afirma un durísimo informe encargado por el Ayuntamiento de la capital holandesa, que critica “el conocimiento fragmentado por parte de policía y autoridades de las redes criminales, los barrios donde operan y los correos humanos que utilizan, de consecuencias desastrosas para la ciudad”.

Elaborado por Pieter Tops, experto en Administración Pública, y Jan Tromp, periodista de investigación, el informe añade que “la economía en la sombra creada por los delincuentes permite el envío de cifras multimillonarias al extranjero, sin supervisión bancaria alguna”.

A la vista de la sorpresa creada por las conclusiones del informe, Femke Halsema, la alcaldesa, ha señalado que “clarifica los peligros que comportan los delitos derivados de la droga para la seguridad, el mercado inmobiliario y la economía”.

Vale precisar aquí que Amsterdan es una ciudad cosmopolita. Recibe a gente de todo el mundo y es uno de los primeros lugares en el mundo en los que se liberó el consumo de marihuana que puede ser adquirida en establecimientos que si bien están registrados, ocupan grandes espacios en las zonas frecuentadas por turistas que tienen entre sus objetivos el uso de las drogas recreativas.

Hemos decidido presentar acá esta investigación periodística avalada por científicos, en virtud de que en México se discute por acuerdo de la Suprema Corte la normalización para el uso de drogas y en recientes semanas se ha aprobado, al menor para un reducido grupo de personas, el uso de drogas duras como la cocaína.

Titulado De achterkant van Amsterdam (algo así como la fachada opuesta de Ámsterdam), el trabajo de los expertos Tops y Tromp, indica que los agentes se centran en aclarar los asesinatos callejeros entre bandas rivales, “y luego prima la sensación de que, «bueno, las drogas, para qué combatirlas”, dice uno de sus pasajes. También reconoce la sobrecarga policial, “y el hecho de que no reciban muchas denuncias relativas a la actividad de traficantes y correos de la droga”. Ambos expertos han invertido seis meses en hablar con cincuenta personas del entorno analizado, además de repasar otros trabajos, y aseguran que el dinero obtenido por los criminales juega un papel importante en la ciudad.

“Lo blanquean en el mercado inmobiliario, en comercios dudosos, emplean una violencia extrema y utilizan a menores cada vez más pequeños para hacer recados. Hay un ejército de jóvenes que vive a la sombra de una economía en la sombra”. Y hay familias y comunidades enteras, “que han perdido la noción de lo que es una sociedad ordenada”, aseguran.

En este punto, ambos estudiosos se detienen en la denominada banca hawala, un sistema oscuro de transferencia de fondos a través de intermediarios. En el contexto holandés de las drogas, Ámsterdam es un nudo importante de esta red, que escapa a los inspectores de Hacienda, “pero sirve para blanquear millones”. En informe concluye advirtiendo al Ayuntamiento de que “se necesitarán 10 o 15 años de trabajos para recuperar el control de los bajos fondos”, y en la necesidad “de reforzar la lucha contra las drogas, cuyo uso se ha asentado en la sociedad».

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