No se conoce porque de eso no se habla. Pero está en el ambiente, en los alimentos que ingerimos y, por lo tanto, en nuestros cuerpos. Las consecuencias de la exposición son brutales: ataca el sistema nervioso provocando desde incoordinación motora hasta la muerte por asfixia.

Se llama Clorpirifos y es un plaguicida de amplio espectro, que se aplica para el control de numerosas plagas –insectos y ácaros–, principalmente en cultivos de soya, maíz, trigo y girasol. Según datos oficiales, fue el insecticida más usado en 2017: sólo ese año se importaron más de 278 millones de kilos de plaguicidas por los que se pagaron algo más de 1611 millones de dólares.

El Clorpirifos es «altamente tóxico» para las abejas y «muy tóxico» para aves, peces y organismos acuáticos. Lo considera de clase II, es decir, un producto «moderadamente peligroso y nocivo», aunque existen otras clasificaciones que lo señalan como altamente dañino

Se estima que una persona está expuesta a once litros de pesticidas por año. Falten estudios epidemiológicos, es cierto, pero todos nos damos cuenta de que hay demasiado cáncer en el país», sostiene Melina Álvarez, doctora en Biología, exbecaria del Conicet y hoy investigadora en el área de Química Ambiental de la Universidad Nacional de Hurlingham.

Álvarez, junto a otros investigadores, realizó un análisis de riesgo para establecer un valor máximo permitido para las aplicaciones de Clorpirifos, que proteja las especies acuáticas que viven expuestas a este contaminante.

Estados Unidos y el Clorpirifos tienen una larga historia de idas y vueltas. Desde que Dow Chemical lo lanzó al mercado en 1965, el insecticida se extendió en campos de cultivos, canchas de golf y hasta en los hogares. Cuando al poco tiempo las investigaciones científicas señalaron los peligros ante su exposición, comenzó una serie de reclamos para restringir su uso.

Finalmente, en el año 2000 se prohibió su uso dentro de viviendas por ser demasiado tóxico para los niños, pero se mantuvo su uso agrícola. De hecho, se calcula que es el insecticida favorito en más de 50 tipos de cultivos diferentes.

En México se comercializa bajo las marcas Foley, Alicante, Carioca y Aspid, entre otras para usos doméstico y agrícola.

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