Para los mayas, Venus es el planeta del gran Dios Kukulcán y Chichen Itzá es la ciudad maya con mayor número de edificaciones intactas, considerada Patrimonio de la Humanidad.

Chichén fue edificada muy cerca de dos cenotes, es decir, con acceso al agua la hizo una ciudad poblada hasta que tuvo su propia guerra civil con Mayapan, época en la que fue abandonada.

Alrededor del siglo X, la ciudad tuvo un segundo resurgimiento con la migración de los toltecas haciendo de Chichen Itzá una muestra de la fusión entre la cultura maya y tolteca.

El Templo de los guerreros, la pirámide de Kukulkán, la cancha del Juego de pelota y el Tzompantli son algunos de los edificios construidos en el sitio arqueológico; pero ninguno como el Caracol.

De esta edificación, J. Eric Thompson -arqueólogo británico especialista en mayas- dijo: «se erige como un pastel de boda de dos niveles encima de la caja cuadrada en la que llegó».

La última versión del observatorio maya, se calcula que fue construida entre los años 900 y 1,000. Pero se le empezó a llamar «Caracol» por la escalera que se encuentra al centro del edificio, que va del primer piso al segundo, donde se ubicaba una pequeña cámara rectangular con ventanas dirigidas hacia Venus y otros astros.

Debido a sus distintas posiciones, en uno de estos puntos que da cara al norte es posible observar Venus aproximadamente cada 8 años, en otra de sus ventanas se puede apreciar la caída del cenit el 20 de mayo.

Hay dos características que hacen del Caracol una estructura muy especial, su estructura arquitectónica y su importancia para la vida diaria de los mayas. La mayoría de los edificios mayas presentan líneas rectas, haciendo de los edificios redondos una verdadera excepción, su mayor representación es el observatorio, cuya fachada está adornada con mascarones y figuras humanas rodeadas por plumas.

El edificio mide alrededor de 22 metros de altura, tiene un conjunto de 3 escaleras al frente que están decoradas con serpientes entrelazadas. El edificio tuvo varias remodelaciones en las que se agregaron varias construcciones, como cisternas, un baño de vapor y un arco sobre un camino, debido a esto actualmente solo se pueden visibilizar dos de las 4 ventanas -tres en la parte superior y una en la parte baja.

Justo, en la parte baja del observatorio, desde donde se hicieron cálculos muy precisos sobre Ahzab Kab Ek, Estrella que despierta a la Tierra, para nosotros, Venus.

La construcción del observatorio fue muy precisa, pensada para capturar los equinoccios y hacer cálculos sobre la siembra, cosechas y rituales. Por ejemplo, la época de lluvias inicia un poco después del cruce del sol por el cenit en mayo, y fue importante saber de antemano para que la gente pudiera tener listos los campos y semillas para cuando llegaran las lluvias.

Y por el lado del ritual, el sol, la luna y los planetas eran las manifestaciones físicas de algunos de los dioses Mayas. El orientar los edificios a los eventos astronómicos asociados con los planetas ayudó conectar esos edificios a los dioses mismos.

Pero el objetivo primordial del observatorio era estudiar Venus, el planeta de Kukulcán -la serpiente emplumada maya- de la cual definieron muchos datos precisos como su ciclo sinódico que es de 584 días, que 5 ciclos de Venus equivalen a 8 años solares.

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