La iglesia católica se ha lanzado a evangelizar también a través de las redes sociales y tiene en TikTok uno de sus instrumentos más utilizados: «Si un religioso no está en las redes, corre el peligro de vivir en una burbuja y de tener un ego muy grande», dice a Efe la monja Xiskya Valladares, que tiene casi 450,000 seguidores en TikTok.

La red social TikTok se ha convertido en uno de los espacios de referencia para difundir la religión católica, con 8,000 millones de visualizaciones de vídeos con el hashtag “Dios”, 2,000 millones del hashtag “Cristianos” y 2,400 millones de “Cristianos jóvenes”.

«Las nuevas redes permiten llegar a los jóvenes, me doy cuenta de que ellos son la gente con los que más conecto», explica la monja nicaragüense afincada en España, periodista y filóloga, también conocida como la «monja tuitera», que, además de los de TikTok, tiene más 70,000 seguidores en Twitter.

Pese a que Valladares se dio a conocer en Twitter a raíz de las movilizaciones del 15M, el «mal rollo» y los «haters» de esta red social, sumado a la creciente popularidad de TikTok, le han llevado a convertirse en una tiktoker más durante el confinamiento, cuando admite que «tenía más tiempo».

«Si un religioso no está en las redes, corre el peligro de vivir en una burbuja y de tener un ego muy grande, porque las redes sociales te dan la oportunidad de tratar con la gente y de conectar con lo que pasa en el mundo y con lo que viven las personas», argumenta.

En su TikTok, que se ha convertido en su red social más explotada, cuelga vídeos de temáticas diversas: de humor, divulgativos, mostrando viajes o aspectos de su vida y una gran parte de ellos respondiendo a las preguntas de sus seguidores, respuestas que, según ella, son las que tienen más éxito.

La monja, que pertenece a la congregación Pureza de María, no solo ofrece contenido en TikTok, sino que reconoce que «necesita ver vídeos de otras personas de temáticas diversas” que le ayudan a inspirarse.

Sobre la creciente presencia de contenidos católicos en las redes sociales, Valladares opina que «hay mucho miedo» a ser rechazado y que entre el clero predomina quien «lo esconde bajo el argumento de que las redes hacen perder el tiempo, son adictivas o son algo que no les servirá de ayuda».

«Es como si tuvieran miedo a exponerse porque tienen el prejuicio que serán rechazados. Y no te van a rechazar si vas con transparencia y sencillez», defiende.

Considera que la Iglesia «se está adaptando a paso lento» y recuerda que el papa Francisco anima a que se participe y se esté presente en los nuevos medios, pero se muestra cautelosa porque «la teoría va muy rápida, pero la práctica va más lenta».

Las redes sociales dan muchas facilidades, pero a la vez presentan nuevos retos referentes al uso del lenguaje y a la forma de llegar a los espectadores: «tienes que espabilar para buscar palabras sencillas que expliquen realidades complejas y esto, para los que hemos estudiado teología, es un ejercicio muy difícil».

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