Ayer presentamos el caso del Corredor del Cáncer en Estados Unidos.

Marcos Orellana, relator especial de Naciones Unidas y abogado experto en derecho internacional, derechos humanos y medio ambiente, afirma que lo que sucede en el Corredor del Cáncer no es casual.

«Lo que hay es una política concertada y sistemática de las autoridades del estado de Luisiana de privilegiar el emplazamiento de las industrias altamente contaminantes en los lugares donde vive la población afrodescendiente», dice en conversación con BBC Mundo.

Según los datos de la EPA citados por la ONU, en el condado de St. James, donde vive Eve Butler, que sufrió cáncer de pecho, en esta zona de Luisiana., la incidencia de cáncer en las comunidades de personas negras es de 105 casos por millón, mientras que en los distritos de la zona donde vive la población blanca la incidencia es de 60 casos por millón.

A Butler, de 64 años, le diagnosticaron cáncer en 2017 y aunque estaba contenido y no se había extendido por todo el cuerpo, tuvo que pasar por el quirófano y perdió el pecho izquierdo.

«Muchos de los residentes se irían si tuvieran el dinero, abandonarían todo. Se irían a otra parte de Luisiana o adonde quisieran. Ahora mismo ni siquiera pueden celebrar una fiesta de cumpleaños para sus hijos en el jardín porque huele muy mal o comienzan a toser y les cuesta respirar», explica.

La industria petroquímica en el Corredor del Cáncer comenzó con la apertura de una refinería de Standard Oil en Baton Rouge -la capital de Lousiana- en 1908, y se disparó a más de 300 instalaciones durante el siglo pasado.

Las razones de que este tipo de industria se estableciera en esta zona son una mezcla de circunstancias geográficas y sociales, pero también políticas.

El segundo atractivo de la zona es que el río Misisipi es una vía fluvial que permite el paso de barcos y el transporte de mercancías y de residuos desde zonas tan alejadas del mar como Baton Rouge, que se sitúa a unos 320 kilómetros de la desembocadura del río.

Un estado que, pese a tener una de las áreas más industrializadas, es uno de los más pobres de Estados Unidos. Mientras el país tiene un 10,5% de personas que viven en pobreza, Luisiana alcanza el 19%, según el censo.

Los bajos costos laborales, un gobierno estatal que alienta con exenciones fiscales la llegada de nuevas compañías, así como políticas y leyes medioambientales laxas son para el investigador de la Universidad de Lousiana Craig E. Colten, factores que han permitido que la primera potencia del mundo albergue también uno de los lugares más contaminados de la tierra.

«Desde 1997, se han permitido enormes emisiones tóxicas en la región del Corredor, que han vertido más de 65,5 millones de kilogramos de sustancias químicas al medio ambiente y han cambiado para siempre el panorama de la industria en el sureste de Luisiana», dice el profesor Colten.

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