El estrés es el mal del siglo XXI. Según la última Encuesta Europea de Salud en España, éste es uno de los principales problemas que afecta a la población.

Un estudio reciente publicado en la revista Life Science Alliance relaciona el crecimiento metastásico de células de cáncer de ovario con un ARN no codificante inducido por el estrés.

«Diversos estudios realizados en modelos animales han sugerido que el estrés puede facilitar la progresión del cáncer», explica a EL ESPAÑOL Mónica Granja, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga en el Hospital Clínico San Carlos de Madrid.

Sin embargo, esa es una conclusión que hay que tomar con pinzas. Como matiza la experta, «los resultados obtenidos en estudios epidemiológicos son contradictorios y pueden existir otros factores asociados al estrés crónico que actúen como sesgos y que pueda predisponer a un mayor riesgo de cáncer».

Es decir, cuando una persona está sometida a una situación de ansiedad, es mucho más probable que adquiera hábitos de vida poco saludables, como consumir alcohol, tabaquismo o una dieta inadecuada.

Una de las últimas investigaciones más completas es una revisión publicada en Nature que repasa toda la literatura científica sobre el tema. Su conclusión es clara: «Aunque la evidencia de que el estrés promueve el inicio del cáncer es inconsistente, puede facilitar la progresión mediante la modulación de la mayoría de las características del cáncer».

Esto es, que si bien el estrés no desarrolla cáncer, favorece su propagación. «En estudios in vitro se ha visto que las catecolaminas, una familia de hormonas típicas del estrés entre las que se encuentran la adrenalina y la noradrenalina, pueden promover la proliferación de células tumorales y su migración a otros tejidos y, por lo tanto, favorecer el desarrollo de metástasis», apunta Granja

En el estudio publicado por Nature se hace referencia expresa a las catecolaminas de las que hablaba Granja. Según señala la revisión, estas hormonas tienen además la capacidad de reactivar los principales virus humanos oncogénicos (virus que poseen la propiedad de poder transformar la célula que infectan en una célula tumoral).

En un artículo escrito por él, sentencia: «Como inmunólogo tumoral he comprobado que el cáncer surge de un proceso inflamatorio crónico. La depresión y el estrés crónico, sin darnos cuenta, nos ponen en el riesgo de crear un ambiente proinflamatorio que nos puede conducir al cáncer».

La hipótesis sostiene que el estrés afecta al sistema inmunológico y esto al cáncer y en particular, «afecta a las células que encuentran y matan células cancerosas emergentes». El estrés es una respuesta natural del organismo a momentos puntuales en los que entiende que debe ponerse en guardia y prepararse para una lucha. El problema es si esto se mantiene en el tiempo y se convierte en algo patológico.

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